EL PARAISO TERRENAL DEL ETERNO VIAJERO

Paul Gauguin, el eterno viajero, se abre a cuantos quieran adentrarse en su trabajo más representativo. El museo Thyssen-Bornemisza ofrece un recorrido por la obra simbolista del pintor francés vertebrada en torno a tres grandes cuestiones: la figura de Paul Gauguin, como hilo conductor de la exposición; el viaje, como forma de escapar de la civilización; y la concepción de lo exótico.

1.-Dos muejres tahitianas - Gauguin

Dos mujeres tahitianas – Gauguin

La invitación para introducirse en un mundo nuevo, atrayente y salvaje resulta evidente al contemplar las primeras obras, con mujeres maoríes posando indolentes ante la mirada fascinada de Gauguin. El exotismo que desprenden las mujeres de La Martinica y Tahití, junto con sus paisajes de naturaleza salvaje, entrañan un magnetismo que choca con la Europa industrializada  y urbana del siglo XIX.

Paul Gauguin pasó parte de su infancia en Perú con motivo del exilio al que su familia se vio obligada por la postura política de su padre, un opositor de Napoleón III. Tras su retorno a Francia, cuando contaba ya con 17 años, la marina supuso para Gauguin una forma de escapar de lo mundano y de recorrer el globo. A su regreso a la capital francesa empezó a trabajar como agente de Bolsa y fue la perspectiva de nuevos ingresos lo que le dio la oportunidad de adentrarse en el mundo del arte, como coleccionista y como pintor.

Su carrera profesional, sin embargo, se precipitó con el desplome de la Bolsa de París, en 1883. Fue entonces cuando Gauguin apreció la idea de empezar a ganarse la vida con su obra. Abandonó a su familia y recorrió Europa en pos de las nuevas corrientes artísticas. Pronto tuvo el deseo de partir hacia el sur, en un primer viaje que le haría desembarcar en La Martinica, la isla que supuso el inicio de su periplo por la naturaleza salvaje y sensual del Caribe.

2.-Mata mua - Gauguin

Mata mua – Gauguin

Es en La Martinica donde comienza el recorrido por la obra de Paul Gauguin en la exposición. Sus trazos se reafirmaron en esta isla, donde su lenguaje pictórico alcanzó identidad propia por medio del esplendor que encontró en el retorno a lo más primitivo del hombre. Sus cuadros empezaron a llenarse de colores vivos, de juventud, de erotismo y de vida.

Fue en su segundo viaje cuando Paul Gauguin llegó a Tahití, en 1891. Y fue en Tahití donde el artista francés se enamoró de sus paisajes, de sus gentes, de sus mujeres. Donde su madurez como pintor no sólo llegó a su máxima expresión, sino que se convirtió en exponente para otros muchos artistas que vieron en sus pinceladas la renovación del modernismo y la actualización de las vanguardias.

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Kandinsky

Junto a Paul Gauguin, el Thyssen-Bornemisza nos ofrece un pequeño apunte de lo que el pintor francés supuso para otros grandes nombres del arte pictórico. Kandinsky, Matisse, Macke o Klee envuelven el ensueño de Gauguin con sus propios paraísos, Túnez, Argel, la Polinesia francesa, todos ellos enclaves llenos de color, de admiración, de retorno a una naturaleza anclada en su esplendor primigenio.

Autora: Beatriz Núñez Domínguez

GAUGUIN Y EL VIAJE A LO EXÓTICO

Museo Thyssen-Bornemisza.

(Del 9 de octubre al 13 de enero)

Precio: entrada general exposición 10 euros.

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