La mirada romántica de Byron a una nación dormida.

Retrato de Byron, de Richard Westall

Retrato de Byron, de Richard Westall

El poeta errante del Romanticismo sucumbió al antiguo esplendor Griego. Lord Byron tomó como propia la liberación de un pueblo esclavo de la cultura dominante del mar Mediterráneo en el siglo XIX, después de recorrer Portugal, España, Grecia y Turquía al cumplir la mayoría de edad. Grecia ya no era aquella cultura pionera del pensamiento. Grecia era, en 1810, una nación dispersa y oprimida por el avance turco. Y esa liberación por la que los propios griegos no luchaban entonces, quedó grabada a fuego en el sentir del joven Byron.

¡Atenas, ciudad antigua y venerada! ¡Qué se hicieron tus hombres fuertes, tus hombres de gran alma! Han desaparecido como tenue resplandor a través de los ensueños del pasado. Los primeros en recorrer el camino de la Gloria, sobrepujaron a todos los demás, para hundirles después en la nada. ¿Y a eso se reduce todo? ¿A un cuento de niño de escuela, a una hora de admiración? En vano se busca aquí la espada del guerrero, la vestidura del sofista; y por encima de las demolidas torres, humedecidas por la niebla de los años, está vagando pálida la sombra del poder.

Llegada de Lord Byron a Missolonghi, de Theodoros Vryzakis

Llegada de Lord Byron a Missolonghi, de Theodoros Vryzakis

Este primer viaje fue recogido en la célebre obra La peregrinación de Childe Harold, de 1812. Autobiográfica, transgresora, una delicia para Europa y una aberración para Inglaterra. Grecia ocupa un papel primordial, al trasladar Byron con sus palabras la indignación que el propio pueblo no acababa de sentir.

¡Hombre de un día, levántate! ¡Acércate aquí, ve! Pero respeta esa urna indefensa. Contempla este lugar, sepulcro de una nación, morada de unos dioses en cuyos altares no brilla ya ni una sola luz.

Después de 350 años de sometimiento, Grecia finalmente despertó. 1820 constituyó el inicio de una guerra por recuperar la independencia perdida tanto tiempo atrás. Byron no quedó ajeno del esperado levantamiento. Tardó dos años en reunir el número suficiente de hombres como para embarcarse en el auxilio militar a Grecia, donde fue recibido como todo un héroe.

Byron puso su pluma y su dinero bajo la causa de la liberación y cuando se reunió con los insurgentes que combatían al pueblo otomano, enfermó. Contaba con 36 años cuando una enfermedad se lo llevó. Byron falleció en Missolonghi a causa de la malaria antes de que el pueblo antaño floreciente recuperara parte de su esplendor.

Missolonghi, de Theodoros Vryzakis

Missolonghi, de Theodoros Vryzakis

Su muerte prematura sacudió tanto a la Inglaterra que lo despreciaba como a los poetas que lo veneraban. Goethe, quien lo llamara “el mejor poeta de su siglo”, comunicó su trágico fallecimiento. Y Grecia, que tanto le debe, dio su nombre a uno de los barrios de la capital y lo incluyó entre los grandes héroes de su historia.

Beatriz Núñez Domínguez

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