Fiestas populares.

Tomatina _ Valencia.

Tomatina.

1- Tomatina (Buñol, Valencia)

Todo un ejemplo de generación espontánea hasta donde se sabe. Durante las fiestas patronales del valenciano pueblo de Buñol allá por 1945, un grupo de jóvenes, motivados quizá por lo tedioso de aquellas marchas de cabezudos para infantes, decidió tomar parte en estas abriéndose paso entre la multitud. Un error en el momento, un acierto para la historia, empujaron a un hombre que arremetió contra los muchachos y estos, desconcertados, contestaron a “verdurazo” limpio (“tomatazo“, desde entonces).

Esta trifulca pasó de ser anecdótica a convertirse en toda una tradición de la localidad cuando comenzó a repetirse cada año. Inicialmente prohibida durante los años 50, ha llegado a ser en nuestros días una de las más populares de nuestro país y hasta copiada en el extranjero como en San José de Trojas, en Costa Rica o Dongguan en China.

Colacho _ Burgos.

Colacho.

2- Colacho (Castrillo de Murcia, Burgos)

Es abundante la simbología cristiana mezclada con elementos paganos en nuestra tierra. Con 410 años y de gestación ignota, el colacho es una fiesta, es un demonio y es un padre. Coincidiendo con la festividad del Corpus Christi, los hombres del pueblo deciden ser también redentores de pecados y ataviados con disfraces variopintos, rojos y amarillos por lo general, se transforman en el colacho, una especie de demonio, para saltar sobre los recién nacidos de ese año.

¿Objetivo? Purgar el pecado que aflige al hombre con su mera existencia según la religión cristiana: el pecado original. Sepan que no hay casos de bebés dañados, de hecho, suelen ser los adultos los que al saltar caen con mal pie. En fin, lo que no se haga por un hijo…

Los Toros embolados o "Bou Embolat" (Castellón, Valencia y Tarragona)

Los Toros embolados o “Bou Embolat”.

3- Los Toros embolados o “Bou Embolat” (Castellón, Valencia y Tarragona)

Festividad hija de la antigüedad y la guerra. Son conocidas por los historiadores bélicos las estrategias de combate que utilizaban animales como elemento incitador al caos de las filas enemigas. Quedó grabada para la posteridad gracias a Polibio la derrota de los cartagineses  a manos del caudillo íbero Orissón (228 a.c.) a causa del empleo de esta técnica de combate consistente en lanzas toros y bueyes con antorchas a modo de astas sobre el campamento enemigo en plena noche.

Fueron desapareciendo las bestias de los campos de batalla y quedaron relegadas a las labores del campo y en contadas ocasiones, días de fasto y pompa por algún motivo religioso o militar, se las engalanaba con estos bolas de fuego para regocijo de los pueblerinos. En la actualidad estas singulares corridas tienen lugar en fechas muy dispares por todo el Levante y al haber sabido mantener viva la llama.

Autor:  Daniel Muñoz.

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